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Cozumel, Quintana Roo, 3 de abril. –  Ayer, Jueves Santo, durante la Solemnidad de la Cena del Señor, nuestra comunidad vivió uno de los momentos más profundos y conmovedores de la Semana Santa: el Lavatorio de Pies.
En este rito, se rememoró el gesto que Jesús realizó en su momento con sus apóstoles durante la Última Cena. El Maestro, sabiendo que había llegado su hora, se levantó de la mesa, se quitó el manto, se ciñó una toalla a la cintura y, arrodillándose, lavó uno a uno los pies de sus discípulos.
Con este acto de profunda humildad, el Hijo de Dios, Rey de reyes y Señor de señores, se puso al servicio de sus seguidores. Rompió todas las convenciones sociales de su tiempo al realizar una tarea reservada a los esclavos y siervos más humildes.
Jesús no solo enseñó con palabras, sino con el ejemplo vivo: “El que quiera ser grande entre ustedes, que sea su servidor”.
Este gesto trasciende el tiempo y tiene un significado universal para la humanidad. Recuerda que el verdadero amor no se impone desde el poder, sino que se entrega desde la humildad.
Nos llama a servirnos unos a otros sin importar posición social, género, edad o condición. En un mundo marcado por el individualismo, la competencia y el afán de protagonismo, el lavatorio de los pies nos invita a bajar, a arrodillarnos y a cuidar del hermano.
Ayer, nuestro sacerdote de la iglesia San Jose Del Mar Cozumel reprodujo fielmente este gesto al arrodillarse ante varios miembros de la comunida -jóvenes vestidos de blanco- para lavarles los pies con agua sencilla.
Las expresiones de recogimiento y devoción de los presentes reflejaron la fuerza espiritual de este momento.
Que este signo no quede solo en la liturgia, sino que se traduzca en acciones concretas: servir con amor en la familia, en el trabajo, en la comunidad y especialmente a los más pobres y necesitados.

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